
Deje de luchar contra el moho en el baño con un cepillo de limpieza
La mayoría de nosotros pensamos que los calentadores de baño sirven únicamente para evitar el frío cuando salimos de la ducha. Pero queríamos crear algo que pudiera hacer algo más.
Diseñamos nuestras lámparas de infrarrojos para combatir un problema mucho más grave: ese moho persistente que se esconde en las junturas entre los azulejos.
¿Cómo funciona realmente?
Los calentadores tradicionales simplemente calientan el aire. Nuestras lámparas utilizan luz infrarroja de onda corta, lo cual funciona de manera diferente. En lugar de calentar toda la habitación, esta luz actúa directamente sobre las superficies. De este modo, se sacuden las moléculas de agua en los azulejos y paredes, lo que hace que la humedad se evapore mucho más rápido. Cuando las paredes permanecen calientes y secas, no hay puntos de condensación. Sin condensación, sin agua estancada… y, lo mejor de todo, sin lugar donde las esporas de moho puedan establecerse.
Diseñadas para resistir la humedad
Los baños son, en realidad, cámaras de tortura para los dispositivos electrónicos. Debido a la humedad y a los salpicaduras ocasionales, los dispositivos se dañan fácilmente. Por eso, diseñamos estas lámparas según los estándares IP66. En palabras sencillas, pueden soportar agua a alta presión y vapor denso sin problemas. Utilizamos juntas resistentes a altas temperaturas para sellar todo perfectamente, de modo que la humedad no pueda llegar ni siquiera cerca de los componentes eléctricos.
Un consejo: estas lámparas consumen mucha energía. Si las conecta a un circuito antiguo con cables delgados, es probable que se active el interruptor de seguridad. Si va a instalar varias de ellas, haga el favor de utilizar cables dedicados. Así será más seguro y le ahorrará problemas en el futuro.
Manténgalas limpias
Hay un detalle importante: debido a su intensidad, estas lámparas son bastante delicadas en cuanto a la limpieza. Si se acumulan residuos de jabón o minerales en los tubos de cuarzo, se crean “puntos calientes”. En otras palabras, una zona en particular del cristal se calienta demasiado y puede dañarse. Para evitarlo, basta con limpiarlas cada pocos meses con alcohol isopropílico. Solo lleva dos minutos, pero así las lámparas seguirán funcionando bien y su baño permanecerá seco.